Friday, December 17, 2010

CAPITULO VI

El mar no es silencioso. El Mar tiene una voz que permanente canta, y no te aburre. Cierras los ojos duermes en sus manos arenosas, que toman la forma de tu cuerpo, donde puedes meter tus manos, enterrar tu cuerpo y no se enfada, puedes correr como corro hoy, sin parar, sin detenerte. Tienes que cerrar los ojos, para que entiendas al Mar, para que lo veas. Con el se platica así, con los ojos cerrados, y su voz te envuelve. Al final es tu cuerpo en una camino de huellas, de tus huellas, que en la distancia, cuando el sol agoniza en un cielo rojo, entonces, en sus orillas, deja que tu llanto caiga y desaparezca en las olas, para que entiendas. Que cuando tus pies tocan su agua, las tocas todas, porque el Mar se reconoce en ti, porque tu encuentras esa parte tuya que es él, y cuando lloras, sientas la alegría de quien ha encontrado a alguien después de mucho tiempo. Tus lágrimas caen, y El Mar es mas completo. Por eso sus olas nunca se detienen, porque siempre nos esta buscando, y nunca para de llamarnos, como quien llama a quien esta perdido. Solo el mar puede contener ese sol, solo esas nubes que se incendian dramáticamente en formas tan raras, solo la noche en tus ojos, y el Mar llamando, pronunciando tu nombre, con el mas puro amor, de quien siempre espera besar tus pies y cubrirlos todos, de quien siempre espera, incluso a los que murieron lejos de él, siempre

los llama te digo. El mar es el dolor más grande, el más amoroso.

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